Soneto I

La noche como refugio

Una vez sentí emociones dentro de mí,

jamás pensé que fuesen mi morada;

recuerdo el amanecer como cuchillada,

pues sólo en la noche respiraba así.

La noche trae esa calma y allí caí,

y al olvido ofrecí mi fe cansada;

cada mañana, al fin, me fue vedada,

porque el dolor volvía, vuelto en mí.

Desperté con la mandíbula en metal,

la cara roja y rota por la sal;

mis propias lágrimas fueron mi umbral.

Miré el espejo: no quise mirar;

odié lo que el reflejo dio en fulgor,

y mi pelo se fue… por un desaguar.

Soneto II

El cuerpo ajeno

Toqué mi vientre y lo sentí sin mí.

Pensé: «Esto es de un extraño»; fue un espanto.

La autoestima se fue, sin luz, sin canto.

Me vi caer a un lugar lejos de mí.

Busqué dónde se fue, y no la vi.

Pregunté si volvía, y fue quebranto.

Quise borrar mi nombre con mi llanto.

Quise que me olvidaran, como a mí.

No quise compararme con quien fui.

No quise ser medida de mi ayer.

No quise dar al mundo lo que di.

Dejé de cuidarme, y dejé de creer.

Dejé entrar a demonios contra mí.

Quise que me llevaran, por no volver.

Soneto III

Manos que regresan

No hallé consuelo alguno dentro de mí.

No hallé remedio alguno contra el daño.

Mi mente fue un invierno, duro, huraño.

Mi alma se apagó, y yo seguí sin mí.

Aparecieron manos junto a mí.

Fueron manos de siempre, sin regaño.

Yo las aparté un día por engaño.

Ellas nunca se fueron, pese a mí.

Me dieron el cuidado que negué.

Me dieron el abrazo que no pedí.

Me dieron esa calma que inventé.

Mi mirada cambió, y me entendí.

La niebla fue cediendo, y respiré.

El amor propio regresó, y yo volví a mí.

Soneto IV

De la nada al todo

Apagué la voz oscura dentro de mí.

Dejé que manos fieles me den cuidado.

Recibí el consuelo que había negado.

Volví a respirar, y volví a estar en mí.

Comprendí lo exhausta que vivía en mí.

Acepté el abrazo que me fue brindado.

Me cuidaron con un pulso delicado.

Aprendí a decirme «sí» frente a mí.

En la NADA entendí: mi pecho estaba roto,

y aun así, de ese abismo nació mi salida;

un folio en blanco me gritó mi nombre: TODO.

Las Ítacas están lejos, pero hay vuelta a la vida;

quien te ama te sostiene cuando tocas el fondo;

CUÍDATE, deja que te cuiden… y conquista tu vida.